La teti y el desteti

Por Begoña Songel. Puedes comunicarte con ella a través de su fan page de Facebook: Mei Tai Afrodita y la Hora del Té

Por fin, Garbancito estaba en mis brazos, después de 29 horas de parto. Para mi sorpresa, lo difícil recién estaba por llegar.

“Debes darle 10 minutos de un pecho, que eructe y 10 minutos del otro pecho y que saque el chanchito”. Yee, eso es fácil, facilísimo. Aunque sería más fácil si el peque despertara y abriera la boca, claro. Lo primero que piensas es “si no le doy teta se me muere, no ha comido nada y sigue durmiendo”, nadie te explica que él también ha pasado 29 horas de parto, que ahora está en un lugar extraño y al cogerlo en brazos y notar tu olor por fín se puede abandonar al merecido descanso. Pero no, tú como madre responsable le pellizcas en los talones, le hablas, lo masajeas… y nada, sigue durmiendo. Desesperada llamas a la enfermera, pensando que el peque se te va a morir de hambre, y justo llega cuando bosteza y le enchufa tu pecho.

Hemos superado la estancia en el hospital, Garbancito se coge bien a sus tetis y lacta de maravilla.

Cuando llegas a casa, piensas toda valiente: “Bueno, pues me saco leche y así se la doy en mamadera por la noche y descanso mejor”. Ja, ja, ja, qué ilusa. La primera y única vez que usé ese maldito artefacto, 1 ml de oro blanco. Llegaron los lloros e inseguridades. “Voy a matar a mi bebé, no tengo leche, qué vamos a hacer…”.

Así que decidimos darle su primer y único biberón de fórmula. Y así es como nos dimos un susto de muerte.

Diego lloraba a rabiar, y yo quería matar a mi marido. El pobre estaba en la cocina con el esterilizador de biberones. Esteriliza el biberón, espera que se pueda abrir sin peligro el aparato, calienta el agua, haz la mezcla y… ¿estará muy caliente, le quemaré? Una vez preparado, se lo dimos, abrió los ojos como platos, los puños cerrados se relajaron y abrió sus manitas, entró como en estado de shock, quieto, sin moverse, los brazos extendidos… En ese momento me sentí morir, creíamos que Diego había muerto.

Nadie te explica lo diferente que es la leche materna de la de fórmula, que del pecho sale a poquitos y que de la mamadera sale más fácilmente, que la digestión de la de fórmula es mucho más pesada…

A partir de ese momento asistí a un taller de lactancia donde nos asesoraron de maravilla y me explicaron todo lo que debía saber, allí nos reíamos y llorábamos de las experiencias, temores y alegrías de cada una, y así es como pudimos llevar una lactancia satisfactoria a demanda y prolongada.

DESTETE

Mi Garbancito tenía ya 2 años y 5 meses cuando empecé a notar dolores en los pezones. Al principio pensé que era una bajada de defensas o una infección leve (como ocurrió en otras ocasiones), pero la cosa fue a peor, comenzaron a salirme grietas y pedí ayuda para ver cómo debía solucionarlo para seguir con la lactancia. El problema fue que la ayuda llegó demasiado tarde para mí. Ya no soportaba el dolor y además la herida comenzaba a sangrar.

Por mucho que le explicaba a mi Garbancito que me dolía mucho y que ya no podía cogerse a su teti… él lloraba y lloraba. Decidí colocarme unos algodoncitos que me tapasen el pezón y la areola, de esta forma al no quitarle del todo su teti, se nos hizo más llevadero el “desteti”.

Se me curaron las grietas y decidí no ponerme los algodones, quizás mi peque ya no querdía su teti… pero no fue así, volvió a reclamar y me volvieron a salir las grietas; él ya era un poco más mayor (2 años y 6 meses) así que le volví a explicar que me dolía mucho.

Recuerdo que estábamos en la cama, recién llegados de España y le dije: “Diego, cariño, tú sabes que a mamá le duele mucho, yo quiero darte teti pero no puedo, tú haz lo que creas que debes hacer”. Esa noche nos dormimos abrazados, él con su cabeza entre mis pechos y ambos con lágrimas recorriendo nuestras mejillas.

Ya hemos superado un obstáculo, ha sido difícil, pero mejor de lo que esperaba. Cuando me visto o me ducho me pide teti, se coge unos segundos a cada pecho y nos sentimos felices. Incluso me dice “que rica la leche de mamá”.

Ahora tiene 3 años y 6 meses y me sigue pidiendo, yo se la doy gustosamente. La última vez me señaló con dedo acusador y me dijo: “Mamá, te estás quedando sin leche”. Ja, ja, ja, cómo puedo reírme de sus ocurrencias. Bendita inocencia.

De panes, panaderías y amor

Por Begoña Songel, Mei Tai Afrodita y la hora del Té

Dicen que los niños vienen con un pan debajo del brazo. Y nada más lejos de la realidad.

Garbancito antes de nacer ya tenía la panadería montada, estuve a punto de montar una franquicia.

Como ya teníamos la habitación pintada empezamos a llenarla de todos los regalos que nos había hecho la familia, los amigos, los conocidos, compañeros de trabajo. Muchas cosas nuevas y otras muchas seminuevas.

  • Una mini cuna,
  • tres cunas,
  • una cuna de viaje,
  • sábanas,
  • colchas bordadas a mano,
  • carrito con capazo, grupo 0 y silla de paseo,
  • dos sillas para el coche,
  • esterilizador de biberones,
  • sacaleches,
  • carrusel para la cuna,
  • trona,
  • trona ajustable a la mesa,
  • hamaca,
  • un silloncito,
  • un intercomunicador,
  • cambiador con bañera,
  • bañera sin cambiador,
  • sillita para bañarlo en la bañera,
  • arrullos, baberos, chupetes, juguetes, toquillas, colonia, gel, ropa, ropa y más ropa, hasta la esponja de baño.

Garbancito panadero, ya tenía montada su habitación. Aunque más tarde, cuando nació, nos dimos cuenta de que solo necesitaba los brazos de mamá. Y lo realmente importante lo encontramos por casualidad. Una pediatra pro lactancia, un taller de lactancia y un fular para llevar a mi peque bien pegadito a mí.

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Como todo en este mundo, se aprende de la experiencia. Yo he aprendido que no se necesitan cunas, ni capazo, ni huevo, ni esterilizador, ni biberones, ni intercomunicador ni chupete. Solo se necesitan brazos y mucho amor. Pero eso es otro capítulo. En este aún estoy embarazada.