La verdad de la crianza con apego

Por Begoña Songel, Mei Tai Afrodita y la hora del Té

Mi garbancito ya tiene 3 años, y son 3 años y 9 meses de crianza con apego.

Al principio no sabía ni que existía esa terminología, lo que hacía era seguir mi instinto ante viento y marea.

Y hoy me pregunto: ¿No hubiera sido más fácil una bofetada a tiempo? ¿Y si hubiese aplicado el Método Estivill? Estoy convencida de que mi vida sería más tranquila, mi hijo haría caso a la primera y los berrinches serían cortados de raíz.

Nadie nos cuenta lo difícil que es criar a un hijo, y más difícil cuando por instinto, nadas a contracorriente.

Escuchar las necesidades ajenas y no las propias, dar explicaciones, escuchar, entender, comprender, todo eso se da en las madres que por naturaleza, y no por moda, respetan a sus hijos como seres independientes. Sí, es mi hijo, pero no es MI hijo, no es mi propiedad, es mi obligación y devoción.

Y en mí está criar una persona con sus propias decisiones, sus aciertos y equivocaciones, y darle la mano cuando cae, aunque ya le haya advertido, pues de los errores propios se aprende, pero no de los ajenos.

Criar con apego es muy difícil, a veces siento que lo estoy haciendo mal, pero siempre hay una sonrisita pícara, un “mamáaa” que me dice que voy por el buen camino. Y con esto no digo que sea maravillosa, pues me pueden los nervios, me tiro de los pelos y en casa siempre hay una voz más alta que otra, tengo mis miles de defectos.

Pero una decisión tomada desde el corazón nunca es equivocada.

 

crianza con apego

De panes, panaderías y amor

Por Begoña Songel, Mei Tai Afrodita y la hora del Té

Dicen que los niños vienen con un pan debajo del brazo. Y nada más lejos de la realidad.

Garbancito antes de nacer ya tenía la panadería montada, estuve a punto de montar una franquicia.

Como ya teníamos la habitación pintada empezamos a llenarla de todos los regalos que nos había hecho la familia, los amigos, los conocidos, compañeros de trabajo. Muchas cosas nuevas y otras muchas seminuevas.

  • Una mini cuna,
  • tres cunas,
  • una cuna de viaje,
  • sábanas,
  • colchas bordadas a mano,
  • carrito con capazo, grupo 0 y silla de paseo,
  • dos sillas para el coche,
  • esterilizador de biberones,
  • sacaleches,
  • carrusel para la cuna,
  • trona,
  • trona ajustable a la mesa,
  • hamaca,
  • un silloncito,
  • un intercomunicador,
  • cambiador con bañera,
  • bañera sin cambiador,
  • sillita para bañarlo en la bañera,
  • arrullos, baberos, chupetes, juguetes, toquillas, colonia, gel, ropa, ropa y más ropa, hasta la esponja de baño.

Garbancito panadero, ya tenía montada su habitación. Aunque más tarde, cuando nació, nos dimos cuenta de que solo necesitaba los brazos de mamá. Y lo realmente importante lo encontramos por casualidad. Una pediatra pro lactancia, un taller de lactancia y un fular para llevar a mi peque bien pegadito a mí.

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Como todo en este mundo, se aprende de la experiencia. Yo he aprendido que no se necesitan cunas, ni capazo, ni huevo, ni esterilizador, ni biberones, ni intercomunicador ni chupete. Solo se necesitan brazos y mucho amor. Pero eso es otro capítulo. En este aún estoy embarazada.