¡Se me acaba la licencia!

No les escribo desde hace tiempo, ¡buah! Es que, es que, es que… Se me acaba la licencia por maternidad (¡casi 3 meses ya, qué cosa!) y estas semanas he tratado de hacer lo que creo que no haré después -aunque igual no creo que llegue a todo, mmmfff-. Además Cris volvió al nido y… Y… Y… ¡Ha vuelto a llorar! Qué pesadilla, me siento agobiada. Inhalar, exhalar… Todo se pasa, Dios no se muda. 

En fin, lo que quería decirles es que ya vuelvo, he juntado un paquete de temas y cositas que les gustarán. Pese a que el tiempo ahorca, las madres somos punche y siempre nos hacemos un ratito para compartir con otras de la misma especie, en mi caso, perfeccionista-ansiosa-aventurera-tonta. 

Un comercial, ¡y regreso!  

 

Pulseras rojas

pulseras rojas matriaventuras

Hoy ha empezado una nueva serie en América TV, llamada Pulseras Rojas. Es una adaptación de Polseres Vermelles, que fue creada, escrita y producida en Cataluña. Por lo que he leído, es un éxito a nivel mundial. Madre mía, la que me espera -lo siento, me enganché-.

No suelo ver mucha tele, pero esta serie nos atrapó a Raúl y a mí desde el comienzo. Y también desde el comienzo comencé a intuir que la historia era más europea que peruana.

Se trata de seis chicos de entre 10 y 16 años que están en un hospital y que forman un grupo, una pequeña pandilla. Cada uno tiene una enfermedad peor que la del otro, y aún así, las llevan con buen humor, optimismo, generosidad. Contrasta fuertemente -aquí, a mi parecer, está el porqué empecé a dudar de su origen local- con la experiencia de los familiares: una mamá vestida de Mamá Noela hace de voluntaria para pasar tiempo con su hijo, que lleva en coma dos años -no podría explicarles lo fuerte que ha sido eso para mí, de solo imaginarlo, uf-; una abuela que bota a su nieta de la casa porque piensa que la anorexia que padece es solo una forma de llamar la atención, entre otras historias un tanto hard core.

“Cuanto vas a llorar, cariño”, me ha dicho Raúl. Es cierto, soy muy sensible. Sin embargo y bajo riesgo de tortura inútil, creo que seguiré viendo la serie porque me ha tocado el corazón y, aunque no parezca, la mente: En el dolor se puede ser y hacer feliz. No hay situación tan mala que no te permita sacarle la vuelta. Y sobre todo, mamá siempre morirá de pie.

Aprendizaje y catarsis parece que es lo que se viene.

http://es.wikipedia.org/wiki/Pulseras_rojas

Familia, ¿puedo ir a la pelu?

matriaventuras

Cada vez que voy a la pelu, a mi pelu -donde me conocen, me entienden, me quieren y me hacen descuento-, me preguntan: “¿Adónde te vas hoy?”. Como cualquiera, tienen la idea de que me arreglo la cabeza por algún evento especial. Cuando respondo “nada, no tengo nada”, María me dice: “Mmm, entonces te estás arreglando para dormir”.

La verdad es que, desde que era soltera y sabrosa, hacía lo mismo. Iba de noche a la pelu de María para ver tele un rato y luego relajarme: lavadita de pelo, planchado… Ahora, comprenderán, son momentos “de lujo” aquellos en los cuales puedo permitirme un 20% de eso, pero me esfuerzo -sí, ¡esfuerzo! ¿Les suena conocido?- por lograrlo ya que realmente lo considero algo necesario para comerme el mundo con swing, swing, swing.

Pero en algún momento dudé si valía la pena.

Entonces, le dije al sacerdote con el cual me confieso que no sabía si era egoísta dedicar tiempo a mí misma (las que no podemos ver a nuestros hijos todo el día, sentimos que cada minuto fuera de la oficina tiene que ser sí o sí para nuestra familia). Me dijo: “Haz un rato de oración -conversa con Dios- todos los días, y luego haz lo que quieras con tu imagen”.

Mmm…

Se lo conté a Dios. ¿Parque o peluquería?

Me dijo: Peluquería con Raúl y Cris. Plop.

Mujeres de bien: todas necesitamos un momento para nosotras, pero eso no es necesariamente excluyente del tiempo que le debemos -¡y queremos!- dedicar a nuestra familia. Lo comprobé ayer: mientras me planchaban la cabeza, Raúl y Cris se dieron una vuelta, miraron revistas y hasta hubo cambiada de pañal y abrazos protectores del horroroso sonido de las secadoras. Estrechamiento de vínculo, le llaman.

Sí, puedes ir a la pelu o hacer lo que te relaje con ellos alrededor. No te sientas culpable por ello, al hacerlo, te estás creyendo que no pueden vivir sin ti y no tiene por qué ser así. Solo no olvides una cosa: Ya peinada, prepara un kekazo, agarra tu mat y llévalos al malecón: porque, antes que por ti, te endorfineaste por ellos, para darles lo mejor de ti.

Mi hija no quiere comer

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Recibo el informe de la evaluación nutricional que le hicieron en el nido a Cristina. Está con porcentaje mínimo de acercamiento al sobrepeso. Me pregunto: Juat? Hace más de un mes que anda inapetente. No lo entiendo, no lo concibo, pero en medio de mi confusión, me alegro.

Cris cumplió 2 años hace 2 días. Mi preciosa ya es una niñita. Quizás eso de no querer comer es parte de los llamados “terribles 2 años” –aún no leo nada al respecto, y creo que casi mejor no enterarme para no predisponerme… ¿o sí? –. La pediatra me dijo cuando esto ya llevaba semanas que era por el calor que no termina de irse y porque la inapetencia es algo normal en esas edades. “Vero, ¿QUÉ LE DOOOYYYY? Alguna vitamina, estimulante, sonda… ¡ALGO, PLIS!”. “Nada, que coma cosas frescas y con el tiempo volverá a ser la misma”. O sea, nada. Manos atadas.

Pero… aproveché una viral recontra virulienta para visitarla. Cuando le conté cuál era su rutina de alimentación, encontró ese “algo” que yo estaba buscando.

Resulta que desde que Cris entró al nido, su única comida fija es la lonchera. Casi nunca toma desayuno, almuerza en horas distintas, toma leche en la tarde, come poco en la noche, vuelve a tomar mucha leche de madrugada… y así continúa el círculo vicioso. ORDEN es la clave, y DISCIPLINA también –mismo PNP–, ya que está en un momento en el que puede elegir: me gusta, no me gusta, y los padres tenemos que ponernos firmes. No nos levantamos de la mesa sin terminar, comemos de todo, no verás videos hasta que termines el pollo… Pucha.

¡PERO ES QUE NI RAÚL NI YO HEMOS CAMBIADO AÚN NUESTROS BOHEMIOS HÁBITOS ALIMENTICIOS! (léase: tomar desayuno parados mientras alistamos las cosas para salir, cenamos chucherías y rara vez tenemos la refri nutricionalmente llena). ¿CÓMO LO VAMOS A HACER?

Ok, #soymamádesastre, lo admito. Y parte de mi desastre es no haber sabido ordenar a mi hija. No puedo evitar sentirme pésima al respecto, sin embargo, llorar sirve solo para la catarsis, no arregla nada. Manos a la obra, Majo. Aún tengo un porcentaje mínimo de acercamiento al sobrepeso (o sea, grasita rica) de gracia. A echarme a buscar recetas nutritivas, a sentarme a comer con Cris como Dios manda, a tomar desayuno en la mesa –buahh, ¡tendré que levantarme al alba!–… a educar, que ya toca.

El cole y mamá

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Por Begoña Songel, Mei Tai Afrodita y la Hora del Té

Lo más difícil ya está hecho. Ya tenemos el colegio y no hay vuelta atrás. Ya hemos vendido un riñón para poder pagar la cuota de admisión, y lo bueno es que nos queda un riñón más para una posible emergencia.

En el cole de los mayores no hay periodo de adaptación, así que me guste o no, dejo a mi Amorcito, a ese trocito de mi corazón llorando en su nuevo salón. No dudo en suplicar que me avise al celular cuando se calme, para quedarme tranquila.

Cuando llego a casa… silencio absoluto, la casa está ordenada en media hora y… ¿qué hago hasta la hora de salida? Llamo a las amigas, pero todas están liadas llevando y recogiendo a niños, haciendo pool, organizando loncheras…

¿Qué ha pasado? Mi mundo seguro y confortable ha sido arrollado por un torbellino.

¿Por qué nadie dice lo duro que es para una mamá el comienzo del colegio? ¿Por qué nadie explica que las mamás también necesitan un periodo de adaptación? ¿Por qué es tan sencillo hablar de sexo, maltrato infantil y tan tan pero tan difícil hablar de nuestros sentimientos?

Cada etapa de mi Amorcito es un gran desequilibrio para mi, que debo corregir para que él se sienta lo más seguro posible.

La vida de madre es dura, y poco agradecida. Solo me queda llorar la ausencia, lavarme la cara y seguir adelante. Mi Amorcito lo vale.

Agujeros en las orejitas de nuestras peques: fin del drama

Hoy almorcé con los chicos de mi trabajo (normalmente voy a comer con Cris). Son muy lindos todos, pero no puedo dejar de confesar que me sentí en otra órbita. No era mi tribu de mamás con las que hablaba del último biberón anticólicos o de los beneficios de la quinua en los niños. Buah. Aunque viéndolo por el lado amable, me enteré de que a fin de año estrenan Star Wars, jiji #sintiempoparaleercinepapaya.

Por eso, disfruté muchísimo cuando, un rato más tarde, recibí un mail de Mariola, una mamá de nuestra comunidad que tiene tres hermosos hijos.

Me contó algo tan interesante que no puedo dejar de compartirlo con ustedes. Ahí les va: los primeros aretes de tu bebé.

Mariola se dedica al piercing de manera profesional. Ojo, no pensemos solo en un arete de elefante sobre la nariz, también me refiero a los agujeritos que le hacemos a nuestras recién nacidas ponerles aretitos. Qué ricas se ven con sus puntos dorados, ¿no?

babysystem75

Últimamente, hay que tener suerte para que el hospital o la clínica te hagan la taba de entregarte a la criatura ya pimpeada. Ahora nadie quiere mojarse con el tema (alergia, infecciones, etc.), incluso hay que bajarle un billetito a la enfermera.

Mariola me contó por qué pueden ocurrir problemas en un proceso teóricamente simple:

  • Muchas veces, los aretitos no se esterilizan en autoclave sino con alcohol u otro sistema simple.
  • Los aretes no son del material adecuado (el oro de 14 y 18 kts. no es recomendable y puede generar alergias a largo plazo en un 45% de los casos, ya que contiene aleaciones de metales no pesados como el níquel).
  • Llevamos aretitos heredados de la abuelita, hermana mayor o comprados en joyerías, pero sin ninguna garantía médica.

Para solucionar todo esto -aquí viene lo bueno- Mariola y su esposo trajeron al Perú Baby System75, con joyas especialmente diseñadas para la colocación de los primeros aretes de la bebé, hechas de acero grado quirúrgico y bañadas en oro de 24 kts; fabricadas en USA (siempre los gringos con sus cosas). Vienen encapsuladas y esterilizadas especialmente para entrar en contacto con la pielcita de las piojitas.

babysystem75

Como mamás, dado que rara vez entramos a ver cómo le hacen el famoso huequito a nuestras chiquitinas, saber que esto existe da mucha tranquilidad.

¿Dónde aplican Baby System 75? En la Clínica Juvencia. Pero si además quieres hablar directamente con Mariola, para que te cuente más, escríbele a alterindiellc@gmail.com.

Qué mochilas tan monas

¿Cuántas veces nos hemos encontrado con carteras hermosas, pero que pesan como un chancho? Si priorizas la elegancia, ni modo, a chantarte la de cuero rompehombro. En cambio, para un fin de semana en el cual vas de aquí para allá como Juana la Cubana, no hay forma de que a los pañitos de bebé, pañales, muda de ropa, muñeca, zapatos, casaquita por si hace frío y lata de Enfagrow, le agregues el peso propio de tu bolso. No te seas cruel.

En este contexto de utilidades e inutilidades, me encontré en Kipling con unas mochilas para mamá. La verdad, no había visto nada parecido. Bien chéveres, la colección se llama Happy Mommy. Ahora, para qué les digo que no, si sí, el precio no es económico, pero ya saben ustedes que muchas veces lo barato sale caro y, por otro lado, hay tema de estilo que es interesante: según como cada una sea, siempre manteniendo la practicidad -imagino-, cada una utiliza un bolso acorde con su forma de ser y de expresarse: colores neutros, colores chillones, de tela, de cuerina, de cuero, de plástico, grandes, chicos, con ruedas, con asas… estas mochilas de las cuales les cuento, por lo que veo, priorizan el toque de elegancia. Chequen el cierre dorado:

mochila kipling

Es decir, la utilidad no ahorca el estilo. Regio el asunto. Encima, tiene estampado con efecto relieve de cocodrilo en color negro -casi mejor para llevármela al trabajo, jiji-.

También hay otro más atrevidito que tiene cambiador, colgadores para el coche y soportes para biberón y juguetes.

kipling 2

Si quieres darles una chequeada, Kipling está en C.C Jockey Plaza, C.C El Polo, C.C Real Plaza Salaverry, C.C Larcomar y San Isidro.

La hora de mamá búho

En noches como esta, amo el insomnio. Me permite ser yo. No, no es que tenga complejo de búho, es que soy una creadora por naturaleza. Mi mente vuela, se mueve más rápido que choro del Centro de Lima y necesito darle posada en alguna aplicación de mi Mac. Por supuesto, todas esas fumadas responden a objetivos estratégicos de tipo fundamental: la invitación para el cumple de Cris -no sé si soy poco práctica o más bien idiota, pero me niego a comprar unas hechas que huelen a librería-, un afiche para la Capellanía de la Universidad -¡cómo disfruto decorando ese corcho!-, mi libro que ¡no terminooo! y los freelos que, gracias a Dios, como cancha van saliendo. Lentes ¿Por qué en la madrugada, mamacita? Porque cuando vuelvo de la chamba, mis ocupaciones se llaman Raúl y Cristina. Mis tesoros son prioridad. ¿Y no necesitas dormir, hija? Claro, como cualquier ser que pobla la Tierra. Pero 1) soy adrenalínica y salvo que esté en calidad de arcilla antes de que Diosito le pusiera el alma, las cosas las tengo que ir cerrando ya, ya, ya; 2) hay temas que, objetivamente, necesitan solución pronta y 3) la madrugada es mágica. Nadie me apura, no hay hora de salida ni de entrada, no tengo que salir corriendo a recoger a mi Cris o a cocinar la cena.

Obviamente, unas horitas hay que dormir. Sin embargo, no me agobia si son la 1, las 2, las 3 am. Igual me voy a quedar dormida sobre el teclado al día siguiente. Simplemente, puedo ser. Y respiro. Y creo. Y encuentro. Y observo. Y cuando me da sueño, me voy.

La iglesia no es para los niños, dicen

Llegó la Semana Santa, el momento más importante del año para los católicos. Por eso, esta vez toca escribir mi post “santo”, je.

A ver. He escuchado más de una vez: “¿Por qué llevas a tu hija a la iglesia? No es un lugar para niños”. Hoy he masticado esa idea. Mmm… y pienso exactamente lo contrario: que la iglesia no es un lugar para adultos.

Resulta que cuando uno entra a una iglesia para ir a misa o para rezar, hay que ser bastante niño para sacar el máximo provecho de la situación: tener todos los sentidos aguzados, querer aprender, buscar protección, pedir dulces también para nuestros hermanos, asombrarse.

¿Cómo me veo yo en misa? Mirando la cartera de la del costado y buscando la zona con más vacío porque soy gentefóbica. ¿Y cómo veo a mi hija, de casi 2 años? Atenta a todo. Aunque ha ido muchas veces al mismo sitio, siempre observa las imágenes y busca a la Virgen para saludarla y despedirse. A ratos tamborilea sobre el reclinatorio, pero cuando toca el Padrenuestro, junta las manitos y me mira con ojitos de entusiasmo para que yo también lo haga. Al terminar de rezar, dice “¡bravo!” y hace la cola con emoción en el momento de comulgar -que para ella es ir a ver a Jesús.

niños rezando

¿Qué entenderá mi chiquitina de todo eso? Poco, probablemente. Lo que tiene, sin duda, es fe, y en un mundo donde nos falta creer, confiar, desestresarnos y recordar que Dios es Padre, es un don que pienso debemos valorar y fomentar.

Por otro lado, la mochila de hábitos, principios, modelos, etc. que queremos que nuestros hijos tengan a mano cuando sean grandes, se llena precisamente en esta edad, hasta los 5 años más o menos. Todo, toditito lo que hacemos, es para ellos algo ejemplar. ¿Y qué mejor, si tú amas a Jesús y a su Mamita, que tu peque también lo haga de forma tan natural, con solo un empujoncito tuyo?

Por eso, Cristina va a la iglesia desde que tenía 10 días de nacida. Espero que siga yendo cuando tenga 10 nietos nacidos, je.

La iglesia no es para los niños, dicen

Llegó la Semana Santa, el momento más importante del año para los católicos. Por eso, esta vez toca escribir mi post “santo”, je.

A ver. He escuchado más de una vez: “¿Por qué llevas a tu hija a la iglesia? No es un lugar para niños”. Hoy he masticado esa idea. Mmm… y pienso exactamente lo contrario: que la iglesia no es un lugar para adultos.

Resulta que cuando uno entra a una iglesia para ir a misa o para rezar, hay que ser bastante niño para sacar el máximo provecho de la situación: tener todos los sentidos aguzados, querer aprender, buscar protección, pedir dulces también para nuestros hermanos, asombrarse.

¿Cómo me veo yo en misa? Mirando la cartera de la del costado y buscando la zona con más vacío porque soy gentefóbica. ¿Y cómo veo a mi hija, de casi 2 años? Atenta a todo. Aunque ha ido muchas veces al mismo sitio, siempre observa las imágenes y busca a la Virgen para saludarla y despedirse. A ratos tamborilea sobre el reclinatorio, pero cuando toca el Padrenuestro, junta las manitos y me mira con ojitos de entusiasmo para que yo también lo haga. Al terminar de rezar, dice “¡bravo!” y hace la cola con emoción en el momento de comulgar -que para ella es ir a ver a Jesús.

niños rezando

¿Qué entenderá mi chiquitina de todo eso? Poco, probablemente. Lo que tiene, sin duda, es fe, y en un mundo donde nos falta creer, confiar, desestresarnos y recordar que Dios es Padre, es un don que pienso debemos valorar y fomentar.

Por otro lado, la mochila de hábitos, principios, modelos, etc. que queremos que nuestros hijos tengan a mano cuando sean grandes, se llena precisamente en esta edad, hasta los 5 años más o menos. Todo, toditito lo que hacemos, es para ellos algo ejemplar. ¿Y qué mejor, si tú amas a Jesús y a su Mamita, que tu peque también lo haga de forma tan natural, con solo un empujoncito tuyo?

Por eso, Cristina va a la iglesia desde que tenía 10 días de nacida. Espero que siga yendo cuando tenga 10 nietos nacidos, je.